Los recientes informes de política económica y los reportes del Banco de México (Banxico) han puesto sobre la mesa un panorama que el oficialismo califica de sólido y resiliente. De acuerdo con las cifras actualizadas al cierre del tercer trimestre de 2026, el banco central ajustó al alza su expectativa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) para ubicarla en un rango central de 1.5%, presumiendo además una inflación contenida ligeramente por encima del 3% y una estabilidad en el tipo de cambio que ha sorprendido a los mercados internacionales. Sin embargo, bajo la superficie de los gráficos gubernamentales, el discurso oficial de bonanza choca de frente con una realidad cotidiana donde el crecimiento anémico y la falta de inversión productiva amenazan con convertir las cifras alegres en un ejercicio de optimismo gubernamental desconectado de los hogares.
“Todo es culpa de los gobiernos neoliberales… El modelo económico impulsado por el gobierno de MORENA ha chocado frontalmente con la realidad de las cifras, evidenciando un fracaso rotundo en la generación de la riqueza necesaria para el desarrollo del país. Lejos de alcanzar las tasas de crecimiento superiores al 4% que se prometieron en campaña para lograr un verdadero bienestar social, la economía mexicana ha vivido un sexenio de estancamiento crónico, con un crecimiento promedio anual que apenas rebasa el 0.5% (e incluso con contracciones históricas), convirtiendo la meta de la “Cuarta Transformación” en una aspiración vacía.”
El principal talón de Aquiles del diagnóstico oficial radica en la lectura triunfalista de la Inversión Extranjera Directa (IED) y del consumo interno. Si bien se presume la llegada de capitales históricos impulsados por la inercia del fenómeno de la relocalización (nearshoring), un desglose financiero riguroso revela que cerca del 88% de dicha inversión corresponde estrictamente a la reinversión de utilidades de empresas extranjeras ya establecidas. Las nuevas inversiones —aquellas que abren plantas desde cero, expanden la infraestructura industrial y generan empleo fresco de calidad— se han contraído de manera alarmante. Las empresas globales prefieren mantener cautela ante la persistente incertidumbre en la revisión del T-MEC, los cuellos de botella en la infraestructura hídrica y energética, y un clima de seguridad jurídica que sigue generando dudas entre los grandes capitales.
Una vez más las remesas salvan al país
A esto se suma la ilusión óptica del consumo privado. El informe gubernamental celebra el dinamismo del mercado interno, argumentando que las familias mexicanas mantienen niveles de gasto sostenidos. No obstante, se omite de forma sistemática que este consumo ha dependido fuertemente de estímulos temporales y del flujo récord de remesas provenientes de Estados Unidos. Las remesas, que sirven como tanque de oxígeno para millones de hogares en pobreza, muestran un fenómeno preocupante: ingresan más recursos globales, pero a través de un menor número de operaciones con montos promedio más altos por envío. Esto indica que el migrante mexicano está haciendo un esfuerzo financiero extraordinario, recortando sus propios gastos en el extranjero, para compensar la erosión inflacionaria que su familia padece en México.

A esto se suma la ilusión óptica del consumo privado. El informe gubernamental celebra el dinamismo del mercado interno, argumentando que las familias mexicanas mantienen niveles de gasto sostenidos. No obstante, se omite de forma sistemática que este consumo ha dependido fuertemente de estímulos temporales y del flujo récord de remesas provenientes de Estados Unidos. Las remesas, que sirven como tanque de oxígeno para millones de hogares en pobreza, muestran un fenómeno preocupante: ingresan más recursos globales, pero a través de un menor número de operaciones con montos promedio más altos por envío. Esto indica que el migrante mexicano está haciendo un esfuerzo financiero extraordinario, recortando sus propios gastos en el extranjero, para compensar la erosión inflacionaria que su familia padece en México.
Mantener tasas de interés restrictivas para doblegar los últimosFlujos de la inflación encarece de manera severa el crédito para las pequeñas y medianas empresas (PyMEs), las cuales generan más del 70% del empleo en el país pero carecen de los subsidios o ventajas fiscales de las grandes obras de infraestructura gubernamental.
Catalogar la economía mexicana en este tramo de 2026 como un éxito rotundo es ignorar que el crecimiento del 1.5% no es más que un rebote técnico insuficiente. Mientras el discurso oficial aplauda métricas macroeconómicas frías, los ciudadanos seguirán enfrentando un mercado interno desgastado, empleos con poder adquisitivo limitado y un aparato productivo nacional que no despega por falta de apuestas estratégicas reales. La verdadera prueba de fuego de la economía no se gana en las proyecciones de las oficinas de Hacienda, sino en la capacidad de compra que sobrevive cada quincena en los hogares del país.
¿Cuánto ha crecido la economía en México?
El crecimiento estimado de la economía mexicana para este año 2026 se ubica en un rango central de 1.5% por parte del Banco de México (con un intervalo esperado de entre 1.0% y 2.0%), mientras que las encuestas de expectativas con analistas privados y especialistas financieros sitúan la perspectiva promedio ligeramente por debajo, alrededor del 1.3%.

Los datos más recientes publicados por el INEGI y analizados por instituciones como México, ¿Cómo Vamos? indican que:
- Segundo Trimestre (2T2026): El Producto Interno Bruto (PIB) registró un crecimiento anual de 1.9% y un avance trimestral de 1.4% en comparación con el periodo inmediato anterior.
- Perspectiva general: Aunque los organismos oficiales han ajustado ligeramente al alza sus expectativas de crecimiento en comparación con los meses previos, el ritmo económico continúa caracterizándose por un dinamismo moderado, condicionado por la cautela en la inversión fija y la moderación del consumo interno.
Las mentiras brutales de MORENA en crecimiento económico.
Las cifras económicas con las que arranca la recta final de 2026 son la prueba más contundente de un estancamiento monumental que ya no se puede ocultar con discursos de plaza pública. Ver a la economía mexicana moverse a paso de tortuga, con un raquítico crecimiento que ronda apenas el 1.5%, no es una simple “desaceleración transitoria”; es el resultado trágico de una administración que hizo de la ocurrencia su política fiscal y de la incompetencia su sello distintivo.
Parece que fue ayer cuando la promesa central de la autodenominada “Cuarta Transformación” y de su líder máximo resonaba en cada rincón del país: juraban y perjuraban que, con el fin de la corrupción, México crecería de manera sostenida a una tasa del 4% anual, amarrando un meta sexenal del 6%. Aquella oferta no era una estimación técnica seria, sino un anzuelo demagógico para pescar votos prometiendo el paraíso escandinavo. Hoy, la realidad se burla cruelmente de esas cifras alegres. El país está varado en la mediocridad económica, muy lejos del milagro prometido, mientras los bolsillos de las familias mexicanas resienten la asfixia de una economía que simplemente no produce la riqueza necesaria.
¿Y cuál es la respuesta ante este monumental fracaso? El libreto oficial es tan predecible como desgastado: la culpa, por supuesto, nunca es de la ineptitud de los gobernantes en turno, ni de las decisiones fiscales suicidas, ni de la espantosa incertidumbre jurídica que espanta a la inversión privada. No. La culpa, bajo la óptica oficial, sigue siendo de los gobiernos neoliberales del pasado.
Es verdaderamente patético atestiguar cómo, tras años de tener el poder absoluto, el control del presupuesto y la oportunidad dorada de transformar al país, la única herramienta ideológica que les queda es voltear la vista hacia atrás para buscar fantasmas a los cuales culpar. La letanía gubernamental de que “la culpa es de los neoliberales” se ha convertido en el comodín perfecto para justificar que el modelo económico fracasó. Si una refinería millonaria no produce lo esperado, es culpa del pasado; si el sistema de salud colapsa o la economía no despega, es culpa de las administraciones de hace dos o tres décadas.
Gobernar echando culpas al espejo retrovisor no genera empleos, no contiene la carestía de la canasta básica y no levanta un PIB atrofiado. El crecimiento mediocre de este año demuestra que la 4T heredó sus propias taras: la incapacidad técnica, la repulsión por la inversión productiva y una fe ciega en obras faraónicas que absorben recursos públicos sin dinamizar verdaderamente al mercado interno.
Prometieron un gigante económico del 6% y entregaron un país postrado que apenas sobrevive gracias a las remesas y al consumo de supervivencia. Pero eso sí, ante cada reporte raquítico de crecimiento, la maquinaria de excusas no falla: la culpa de la ineptitud actual siempre será de los neoliberales de ayer.

Prometieron NO endeudar al país pero la deuda alcanza cifras históricas.
Los datos oficiales de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y de los informes de finanzas públicas actualizados al cierre de la primera mitad y el arranque de septiembre de 2026 ubican la situación de la deuda de la siguiente manera:
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Como porcentaje del PIB: El Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (SHRFSP) —la medida más amplia de la deuda pública— se ubica en el 51.5% del PIB. Por su parte, la deuda neta del Gobierno federal representa el 48.3% del PIB.
- Monto nominal en pesos: La deuda bruta total del sector público ronda los 20.6 billones de pesos, mostrando un incremento constante impulsado por el gasto social, las pensiones y los compromisos de infraestructura.
- Deuda externa: La deuda externa del país se sitúa alrededor de los 157,440 millones de dólares, tras concluir el programa de emisiones externas del año (como la colocación de bonos en yenes en el mercado japonés).
Mientras que la Secretaría de Hacienda defiende que estos niveles se mantienen dentro de una “trayectoria sostenible” y destaca una baja en el costo financiero real gracias al manejo de pasivos, diversos organismos y calificadoras internacionales han advertido que el ritmo de endeudamiento presiona fuertemente las finanzas públicas, sobre todo al coincidir con un crecimiento económico moderado (1.5%) y una mayor presión por el gasto ineludible en pensiones.














